San Valentín en las Familias Latinas: Amor y Amistad Unidos

Todavía recuerdo la mesa de la cocina de mi abuela cada 14 de febrero, cubierta de bolsitas de dulces que ella misma armaba para los vecinos, los primos, el señor de la tienda de la esquina y hasta el cartero. No había una tarjeta romántica en la casa, pero sí había amor repartido entre todos los que formaban parte de su vida. Para ella, y para tantas abuelas y mamás latinas, San Valentín nunca fue solamente el día de los novios: era el día de decirle a cada persona querida que importaba.

¿Por qué en las familias latinas San Valentín es tanto de amistad como de amor romántico?

Porque en la cultura latina el amor se entiende como algo comunitario, no exclusivo de una pareja. Desde México hasta Colombia, el 14 de febrero se vive como el Día del Amor y la Amistad, una fecha en la que los abrazos, los detalles y las palabras de cariño se reparten entre familia, amigos y compañeros de trabajo, no solo entre enamorados. Esta manera de vivir el día refleja una fe y una cultura que ven el amor al prójimo como parte central de la vida diaria, no como un sentimiento reservado para el romance.

El Amigo Secreto: una tradición que cruza fronteras

En Colombia, por ejemplo, la fecha ni siquiera cae en febrero: se celebra el tercer sábado de septiembre, y la tradición central es el "Amigo Secreto", un intercambio de regalos anónimos parecido al intercambio navideño que conocemos en muchas familias.[1] Compañeros de escuela, de trabajo y de iglesia se sortean nombres semanas antes, y durante días se dejan pistas y detalles pequeños hasta el momento de revelar quién era el amigo secreto de quién. Es una forma de celebrar el cariño que no depende de tener pareja para participar.

México y el Día del Amor y la Amistad

En México, el 14 de febrero se vive como el Día del Amor y la Amistad, y las familias reparten globos, chocolates y flores no solo a esposos y novios, sino a hermanos, primas y amigas de toda la vida.[1] Esa costumbre de incluir a todo el círculo querido, y no solo a la pareja romántica, es la que muchas familias latinas trajeron consigo cuando emigraron, y la que las abuelas siguen enseñando a sus nietos como una forma de generosidad, no de exclusividad.

Un amor que se parece más al Evangelio

Esta manera de celebrar el amor tiene raíces que van más allá de la costumbre cultural: se parece mucho a la manera en que la fe católica entiende el amor al prójimo. Cuando Cristo habla del amor, no lo limita a los esposos o a los novios, lo extiende a los amigos, los vecinos y hasta los desconocidos. Por eso, para tantas familias latinas, un San Valentín sin tarjetas para las amigas, sin dulces para los primos y sin un detalle para la comadre se siente incompleto. El amor, entendido así, es un acto que se practica con todos, no un sentimiento reservado para unos pocos.

Muchas mamás y abuelas aprovechan la fecha para enseñar esto sin necesidad de un sermón: basta con repartir un dulce extra al vecino, escribirle una nota a una amiga que atraviesa un momento difícil, o llamar a un familiar lejano solo para decirle que se le quiere. Son gestos pequeños, pero cargados del mismo espíritu que celebran las familias en Colombia y en México: el amor no se raciona, se comparte.

Si buscas honrar esa manera de amar en tu propia casa, en la colección de fe y familia encontrarás piezas pensadas para recordar, todos los días del año, que el amor de familia y de amistad merece celebrarse con la misma dignidad que el amor romántico.

Al final, lo que nuestras abuelas nos enseñaron con esas bolsitas de dulces sigue siendo cierto: el amor que se comparte con todos los que queremos es el que más se parece al amor de Dios.


Sigue leyendo: San Judas Tadeo: El Santo de lo Imposible en el Corazón del Barrio y San Miguel Arcángel: El Protector al Que Cada Abuela le Reza.

[1] Fuente: Sounds and Colours, "How Did Latin America Turn Valentine's Day into a Fiesta of Love and Friendship?".

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