La Lucha de Antes: Cómo la Lucha Libre Se Convirtió en Parte de Nosotros

Había un canal que siempre pasaba la lucha. No sé si era el dos o el cuatro o el cinco. Sé que era en blanco y negro primero, y luego en color, y que el sonido de los golpes llegaba antes que las imágenes, porque la señal tardaba o porque la tele era vieja. Sé que mi abuelo la veía con la misma seriedad con que otros ven el fútbol — inclinado hacia adelante, los codos en las rodillas, hablándole a la pantalla cuando el árbitro no veía lo que el rudo estaba haciendo. La lucha libre fue parte de mi infancia antes de que yo supiera qué era la lucha libre. **El Espectáculo Que No Necesitaba Explicación** Una de las cosas que hacen a la lucha libre única es que no requiere conocimiento previo para ser emocionante. Desde el primer momento, las reglas son claras — no porque alguien las explique, sino porque el espectáculo mismo las comunica. Hay un héroe. Hay un villano. El héroe lucha limpio y el villano hace trampa y el árbitro no ve nada, y la audiencia lo sabe todo y grita de todas formas. Esa estructura es tan antigua como el teatro. Lo que la lucha libre hizo fue ponerla en un cuerpo — en dos cuerpos — y darle la escala de un deporte. Los movimientos aéreos no son solo técnica; son una declaración de que el héroe puede hacer cosas imposibles, que la destreza puede vencer a la fuerza bruta, que el bien tiene recursos que el mal no tiene. Cada vuelta desde la tercera cuerda es una promesa. Mi abuelo lo sabía. Sabía que era espectáculo. Lo disfrutaba con la misma entrega que si no lo supiera. **Los Nombres Que Se Volvieron Parte del Idioma** El Santo. El Hijo del Santo. Blue Demon. El Perro Aguayo. Mil Máscaras. Dos Caras. El Canek. Estos nombres no son solo luchadores. Son referencias. Son parte del vocabulario de generaciones de mexicanos y mexicano-americanos que los aprendieron no de libros ni de wikipedia sino de boca en boca, de televisión en televisión, de arena en arena. Cuando alguien dice "El Santo" en una conversación, está invocando algo. Una imagen. Una era. Una forma de ser héroe que era específicamente mexicana — enmascarada, física, teatral, y sin vergüenza de serlo. Yo crecí sabiendo quién era El Santo sin haber visto una sola de sus películas. Lo aprendí de la misma manera que aprendí otras cosas importantes de la cultura: por ósmosis, por presencia constante, porque estaba en el ambiente y el ambiente lo fue depositando. **Las Arenas** Las arenas de lucha libre son espacios con su propia personalidad. La Arena México en la Ciudad de México. La Arena Coliseo. Las arenas de provincia donde el cartel se pegaba en paredes y postes días antes del evento y la gente llegaba temprano para conseguir lugar. Los lugares no eran glamorosos. Olían a cerveza y a frituras y al sudor de muchas funciones. Los asientos de madera crujían. La iluminación era irregular. Y sin embargo, la atmósfera era algo que no se replicaba fácilmente en otro lugar. La proximidad al ring — mucho más cerca que en la mayoría de los estadios — hacía que los impactos se sintieran físicamente. Se escuchaba la respiración. Se veía la expresión. El espectáculo que en televisión parecía distante, en la arena era inmediato y real y ruidoso de una manera que vibraba en el pecho. Los que fueron a las arenas de niños no lo olvidaron. Es ese tipo de memoria. **Lo Que Quedó** La lucha libre sigue existiendo. Las arenas siguen llenas los viernes por la noche. Hay nuevas generaciones de luchadores y nuevas generaciones de fanáticos. Pero lo que fue la lucha libre en los años de blanco y negro y señal lenta y televisores con antena — eso es ya historia. Es la lucha de antes: el tiempo en que era el único espectáculo en el canal, el tiempo en que los nombres de los luchadores eran más familiares que los de los políticos, el tiempo en que un hombre con máscara podía ser un héroe sin que nadie encontrara eso complicado. Quedó en nosotros. En la forma en que la cara de El Santo todavía aparece en mercados y murales décadas después de su muerte. En los niños que se disfrazan de luchadores sin saber exactamente por qué eso se siente correcto. En los adultos que ven un cartel de lucha libre en una pared y sienten algo que no es exactamente nostalgia sino algo más parecido al reconocimiento. La lucha libre nos formó sin pedírselo. Así funcionan las cosas que importan. ---

→ See also: Lucha Libre: The Culture & the Mask

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