Los Primeros Viernes: La Devoción de Nueve Meses al Sagrado Corazón

Mi mamá llevaba a mis hermanos y a mí a misa el primer viernes de cada mes, sin falta, aunque tuviéramos examen al día siguiente o lloviera a cántaros. Recuerdo quejarme del sueño en el carro mientras ella manejaba en silencio, como si esa promesa fuera solo suya y de Dios. Años después entendí que no era una costumbre inventada por ella: era una devoción con siglos de historia detrás, y que esos viernes de madrugada eran, en realidad, un compromiso de nueve meses seguidos que ella cumplía sin faltar ni una sola vez.

¿Qué son los Primeros Viernes y de dónde viene esta devoción?

Los Primeros Viernes son una devoción católica que consiste en asistir a misa y recibir la comunión el primer viernes de nueve meses consecutivos, en honor al Sagrado Corazón de Jesús. Su origen está en las apariciones que Jesús tuvo con santa Margarita María de Alacoque, una religiosa francesa, entre 1673 y 1675, en las que le reveló su Corazón y le pidió esta práctica como muestra de amor y desagravio.

Las apariciones a Santa Margarita María de Alacoque

Santa Margarita María era una monja de la Visitación en el monasterio de Paray-le-Monial, Francia, cuando comenzó a recibir visiones de Jesús mostrándole su Sagrado Corazón, herido y ardiente de amor, pero poco correspondido por los hombres. En esas apariciones, Jesús le entregó lo que hoy se conoce como las doce promesas del Sagrado Corazón, una lista de gracias prometidas a quienes vivieran esta devoción con fidelidad, tanto en esta vida como al final de ella.

La promesa detrás de los nueve primeros viernes

Entre esas doce promesas hay una que le da nombre a toda la práctica: Jesús prometió que a quienes comulgaran los primeros viernes durante nueve meses seguidos les concedería la gracia de la penitencia final, es decir, no morir sin antes recibir los sacramentos y estar en gracia con Dios.[1] Por eso tantas familias, como la mía, se aseguraban de no faltar ni un solo mes: interrumpir la cadena significaba, según la costumbre transmitida de generación en generación, empezar de nuevo desde el primer viernes.

Cómo se vive esta devoción hoy

La práctica sigue siendo sencilla: confesarse, asistir a misa y comulgar el primer viernes de cada mes, con la intención específica de honrar al Sagrado Corazón, durante nueve meses consecutivos. Muchas parroquias todavía anuncian la misa del primer viernes de forma especial, con exposición del Santísimo o una oración dedicada, y muchas abuelas todavía llevan a sus nietos, sin pedir permiso, convencidas de que esa media hora de iglesia vale más que cualquier excusa que un niño somnoliento pueda inventar.

Una devoción que se hereda en familia

Pocas devociones dependen tanto de la constancia de una sola persona como esta. En la mayoría de los hogares latinos, es la madre o la abuela quien recuerda la fecha, organiza el traslado a la iglesia y explica, sin necesidad de sermones largos, por qué ese viernes es distinto a los demás. Con el tiempo, esa insistencia silenciosa termina formando en los hijos una memoria del primer viernes que dura mucho más que los nueve meses originales.

Honra ese compromiso mensual con algo que lo recuerde a diario. Encuentra piezas del Sagrado Corazón y de la devoción familiar en la colección de fe y familia, para quienes todavía cuentan los viernes con el corazón.

Nueve meses no son un plazo cualquiera: son casi un año entero de constancia, hecha viernes a viernes, muchas veces por manos de madres y abuelas que nunca pidieron reconocimiento. Esa fidelidad silenciosa es, quizás, la promesa más bonita de todas.


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[1] Fuente: ACI Prensa, "Estas son las 12 promesas del Sagrado Corazón de Jesús a sus devotos".

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