El Divino Niño: La Imagen Que Toda Casa Colombiana Tiene en Algún Lugar

En la sala de mi abuela colombiana, entre fotos familiares y un calendario del año pasado que nadie se atrevía a quitar, había una imagen del Divino Niño con los brazos abiertos y la túnica roja, con una veladora que casi nunca se apagaba. No hacía falta explicar quién era: en cualquier casa colombiana, esa imagen simplemente pertenece ahí, como parte de los muebles y de la familia misma, tan presente como el olor a café de la mañana.

¿Qué es la devoción al Divino Niño y por qué es tan importante en Colombia?

El Divino Niño es una representación de Jesús como niño pequeño, con los brazos extendidos en gesto de acogida y bendición. Es, quizás, la devoción popular más extendida en Colombia, con un santuario en Bogotá que recibe visitantes de todo el país buscando protección, salud y milagros.

El sacerdote que empezó todo

La devoción nació de la labor del padre salesiano italiano Juan del Rizzo, quien recorría Colombia recaudando fondos con una réplica del Niño Jesús de Praga. En una tienda religiosa de Bogotá encontró una pequeña estatua de yeso que lo inspiró a crear una nueva imagen; la mandó fotografiar y convirtió esas fotos en estampitas para difundir la devoción entre la gente. Las obras del templo que hoy conocemos como el Santuario del Divino Niño, en el barrio 20 de Julio de Bogotá, comenzaron en 1937, y la parroquia fue inaugurada formalmente el 12 de marzo de 1942 — fecha que coincidió, no por casualidad, con la proclamación de Bogotá como Arquidiócesis1. Desde entonces, los Salesianos de Don Bosco han custodiado el santuario y su devoción.

Cómo se vive esta devoción

Cada primer domingo de septiembre, después de una novena de nueve domingos consecutivos, miles de familias llegan al santuario del 20 de Julio a dar gracias o a pedir un milagro. Muchos devotos —por costumbre más que por precisión histórica— también celebran la fecha el 20 de julio, confundiéndola con el aniversario del barrio que le da nombre al templo. Pero más allá del santuario, la devoción vive en cada casa: en la imagen sobre la puerta, en la estampita guardada en la cartera, en la oración que se repite antes de un viaje o una cirugía. En 2006, la revista Semana incluso lo nominó como símbolo cultural de Colombia, reconociendo lo que las familias ya sabían desde hace generaciones sin necesidad de que nadie se los confirmara.

Una imagen que viaja con la familia

Cuando las familias colombianas emigran, casi siempre se llevan al Divino Niño con ellas — en una maleta, en una estampita, en la memoria de una veladora encendida en la casa de la infancia. Esa imagen se convierte en el hilo que conecta a los abuelos que se quedaron con los nietos que crecen en otro país, hablando otro idioma, pero rezando la misma oración de brazos abiertos frente al mismo rostro de niño que sus bisabuelos ya conocían.

No es raro encontrar la imagen del Divino Niño en la sala de una casa en Bogotá y, a la vez, en el apartamento de un nieto en Miami, Nueva York o Madrid — el mismo rostro, la misma túnica roja, el mismo gesto de brazos abiertos que parece decir "aquí estoy, no importa qué tan lejos hayas llegado." Esa capacidad de viajar sin perder su significado es, tal vez, la prueba más clara de que esta devoción nunca fue solo colombiana: se volvió familiar en el sentido más profundo de la palabra.

Si buscas llevar esta devoción tan colombiana a tu hogar o regalarla a quien más la extraña, visita la colección de fe y familia.

Porque no importa cuántas fronteras se crucen: hay una imagen de brazos abiertos que sigue esperando en la sala de la casa, recordándonos de dónde venimos.


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[1] Fuente: Wikipedia, "Divino Niño Jesús (20 de Julio)".

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